Acaricié y besé cada centímetro de su piel como si quisiera memorizarlo de por vida. Él no tenía prisa y respondía al tacto de mis manos y mis labios con suaves gemidos que me guiaban. Luego me hizo tenderme sobre el lecho y cubrió mi cuerpo con el suyo hasta que sentí que cada poro me quemaba. Posé mis manos en su espalda y recorrí aquella línea milagrosa que marcaba su columna. Su mirada impenetrable me observaba a apenas unos centímetros de mi rostro.
El juego del ángel-Carlos Ruíz Zafón.

lunes, 23 de mayo de 2011

Frenesí.

Ahora, ahora vamos a jugar hasta cansarnos.
Pienso besar tus labios y recorrer con mis dedos cada milímetro de tu piel. Quiero hacerte temblar y gritar y dejarte sin respirar.
Escucharé tu respiración junto al compás de tu corazón acelerado, descontrolado. Morderé cada pliegue de tu piel, te haré volar, te dejaré soñar. Y erizaré tu fino bello y saborearé toda tu piel. Guardaré tu olor en la memoria para recordar esta pasión. Si es como una llama, acabaré por hacer arder tu corazón. Tocarás el cielo con las manos y caerás sin más. 
Desprender adrenalina, tocar el quinto cielo y olvidar hasta tu nombre. Quiero morir en tu mirada una vez más: mátate, hiéreme, bésame más, hazme gritar.

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